Ciclo de cine español en Bucarest
Me entero a través de Facebook que desde hoy hasta el miércoles que viene tendrá lugar en el Cinema Elvira Popescu de Bucarest (Instituto Francés, Bd. Dacia 77) un ciclo de cine denominado Cine español en ruta. Son 4 películas en 3 días, y tienen todas muy buena pinta, no puedo recomendar ninguna porque no las he visto (todavía).
Link: http://www.facebook.com/reqs.php#!/event.php?eid=101469706564051
Cada autor con su firma
Interesante jeugo virtual de El País en el que hay que emparejar 10 autores con sus firmas. En el primer intento tuve 7 aciertos, tardé 3 minutos en resolverlo.
Link: http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/juego-de-las-firmas
Entrevista a José Emilio Pacheco
Excelente entrevista en El País a José Emilio Pacheco, el poeta mexicano que está estos días en Madrid para recibir el Premio Cervantes de Literatura, el mayor galardón literario que se ofrece a la literatura en lengua española.
Datos optimistas sobre el sector del libro en España
Adjudicado el Premio Primavera 2010
Érase una vez un novelista que creía vivir uno de los (teóricamente, claro) momentos más felices de su vida, recién estrenada una relación, de vacaciones en un fantástico hotel en el Caribe… pero un buen día, tras el buffet, se le pusieron los pelos de punta cuando se dio de bruces con dos viejos amigos, pero no de carne mortal y más o menos rosa, sino con dos fantasmas que removieron el estómago de su pasado. El escritor es Fernando Marías y los fantasmas han quedado retratados en «Todo el amor y casi toda la muerte» (Ed. Espasa), obra con la que ha resultado ganador de la última edición del Premio Primavera de Novela. «Esos espectros de dos mujeres del pasado me enloquecieron, llevándome casi al delirio, y en ese delirio tuve que recurrir al psicoanálisis para enfrentarme a ellos, y acabó naciendo la novela. Creo que está muy bien que me hayan dado un premio por psicoanalizarme», dice Marías.
Link: http://www.abc.es/20100409/cultura-libros/premio-primavera-aroma-intenso-20100409.html
Extracto de El maestro de esgrima, de Pérez-Reverte
“Jaime Astarloa puso el florete bajo su brazo izquierdo, se quitó la careta y tomó aliento. Alvarito Salanova se frotaba las muñecas; su voz insegura, de adolescente, sonó tras la rejilla metálica que le cubría el rostro.
—¿Qué tal estuve, maestro?
El profesor de esgrima sonrió, aprobador.
—Bastante bien, señor mío. Bastante bien —indicó con un gesto el florete que el joven sostenía en la mano derecha—. Sigue usted, sin embargo, dejándose ganar los tercios del arma con cierta facilidad. Si vuelve a verse en ese apuro no dude en romper distancia, retrocediendo un paso.
—Sí, maestro.
Se volvió con Jaime hacia los otros discípulos que, equipados y con la careta bajo el brazo, habían presenciado el asalto:
—Dejarse ganar los tercios es quedar a merced del adversario… ¿Estamos todos de acuerdo?
Tres voces juveniles corearon una respuesta afirmativa. Como Alvarito Salanova, tenían entre catorce y diecisiete años. Dos eran hermanos, los Cazorla, rubios y extraordinariamente parecidos, hijos de militar. El otro era un joven de tez enrojecida por infinidad de pequeños
granitos que le daban un desagradable aspecto. Se llamaba Manuel de Soto, era hijo del conde de Sueca, y el maestro había abandonado hacía tiempo la esperanza de convertirlo en un esgrimista razonable; poseía un temperamento demasiado nervioso, y en cuanto cruzaba cuatro veces el florete se armaba un lío de mil demonios. En cuanto al pollo Salanova, un mozarrón moreno y apuesto, de muy buena familia, era sin duda el mejor. En otro tiempo, con la preparación y la disciplina adecuadas, habría brillado en los salones como tirador de raza; pero a tales alturas del siglo, pensaba don Jaime con amargura, sus dotes pronto quedarían anuladas por el entorno, donde otro tipo de diversiones encandilaba más a la juventud: viajes, equitación, caza y frivolidades sin cuento. Por desgracia, el mundo moderno ofrecía a los jóvenes demasiadas tentaciones que alejaban de sus espíritus el temple necesario para hallar plena satisfacción en un arte como la esgrima”.
El maestro de esgrima de Arturo Pérez-Reverte ya está disponible en Libraria Trasto.
Extracto de “El informe de Brodie”, de Borges
Este extracto pertenece a “Juan Muraña”, uno de los cuentos que componen “El informe de Brodie“, de Jorge Luis Borges.
”A mi madre siempre le disgustó que su hermana uniera su vida a la de Juan Muraña, que para ella era un desalmado: y para Tía Florentina un hombre de acción. Sobre la suerte de mi tío corrieron muchos cuentos. No faltó quien dijera que una noche, que estaba en copas, se cayó del pescante de su carro al doblar la esquina de Coronel y que las piedras le rompieron el cráneo. También se dijo que la ley lo buscaba y que se fugó al Uruguay. Mi madre, que nunca lo sufrió a su cuñado, no me explicó la cosa. Yo era muy chico y no guardo memoria de él.
Por el tiempo del Centenario, vivíamos en el pasaje Russell, en una casa larga y angosta. La puerta del fondo, que siempre estaba cerrada con llave, daba a San Salvador. En la pieza del altillo vivía mi tía, ya entrada en años y algo rara. Flaca y huesuda, era, o me parecía, muy alta y gastaba pocas palabras. Le tenía miedo al aire, no salía nunca, no quería que entráramos en su cuarto y más de una vez la pesqué robando y escondiendo comida. En el barrio decían que la muerte, o la desaparición, de Muraña la había trastornado La recuerdo siempre de negro. Había dado en el hábito de hablar sola.
La casa era de propiedad de un tal señor Luchessi, patrón de una barbería en Barracas. Mi madre, que era costurera de cargazón, andaba en la mala. Sin que yo las entendiera del todo, oía palabras sigilosas: oficial de justicia, lanzamiento, desalojo por falta de pago. Mi madre estaba de lo más afligida; mi tía repetía obstinadamente: Juan no va a consentir que el gringo nos eche. Recordaba el caso -que sabíamos de memoria- de un surero insolente que se había permitido poner en duda el coraje de su marido. Este, en cuanto lo supo, se costeó a la otra punta de la ciudad, lo buscó, lo arregló de una puñalada y lo tiró al Riachuelo. No sé si la historia es verdad; lo que importa ahora es el hecho de que haya sido referida y creída.
Yo me veía durmiendo en los huecos de la calle Serrano o pidiendo limosna o con una canasta de duraznos. Me tentaba lo último, que me libraría de ir a la escuela”.