Los poetas no quieren a Internet
Excelente artículo firmado por Miguel García-Posada para El País, que empieza así:
Quien no está en Internet no existe, venía a decir hace unos días un prestigioso especialista en comunicación. En efecto, Internet ya lo es todo. Globalización digital, acabo de leer en híspido castellano para designar el fenómeno. Miembro de lo que algunos llaman generación del 68, aunque aquí no hubo 68, que éste fue un episodio de las sociedades democráticas o al menos liberales, el otro día pude ver cómo la hija de un amigo se escribía por Internet con su novio sueco. Dios, esto sí que es el cambio: de las suecas mitológicas a las españolas mitológicas. El oso rubio suspirando por la morenita del Sur y no, como antaño, el indigente y bajito moreno berreando por las altas Venus de mármol y de nieve. Papeles cambiados, espacios trocados: adiós a las comunas, adiós a la carta lenta y, sin duda, insuficiente, adiós, adiós: el amor camina por Internet, que comunica a los novios deprisa y sin limitaciones de espacio, dejando a un lado la tarifa, que paga el papá sesentayochista. Quién que es no es Internet, cabría decir parodiando a Darío. Pero los poetas, ay, no quieren a Internet. Derek Walcott, al que la infamia de lo políticamente correcto persigue estos días en forma de ninfa (o eso se cree ella) que se ha sentido acosada por el gran poeta de Omeros, lo ha dicho al afirmar que prefiere “tener a, una sola persona que lea y sienta mi trabajo a fondo [la agencia Reuter traducía 'en profundidad'] que a cientos o miles de lectores que lo lean, pero que no les importe demasiado”. Walcott no quiere, pues, que sus versos discurran por el ciberespacio (menuda palabra). Y lo mismo opinan Octavio Paz y Czeslaw Milosz, tres premios Nobel en total. Tienen razón si ése y no otro es el perfil del lector de poesía de Internet, aunque bien podría ser. Por eso el sagaz Juan Ramón Jiménez apeló a la minoría, aun calificándola de inmensa. Yo sostengo que a los grandes poetas no les faltan nunca lectores, muchos lectores, aunque los grandes -eso sí- son pocos. Pero aun cuando no fuera así, que lo es (ahí están las Rimas, de Bécquer; los Veinte poemas, de Neruda; el Romancero gitano, de Lorca), daría igual. La literatura nada tiene que ver con las ventas. La literatura tampoco tiene nada que ver con la democracia. George Steiner ha dicho que el lector apasionado de Lope de Vega no puede ser un ferviente demócrata. Esto es mezclar la acción política, que se concreta en el voto, con el acto existencial, que implica la lectura. Los lectores son lectores, no votantes. Quien lee puede entregar su alma al libro, al poema, al relato; quien vota sólo otorga a su candidato una cédula transitoria de confianza”.
Artículo completo en: http://www.elpais.com/articulo/cultura/poetas/quieren/Internet/elpepicul/19960530elpepicul_13/Tes
JRJ no se acaba nunca
Juan Ramón Jiménez es un escritor cuya obra parece no tener fin. Falleció en Puerto Rico hace medio siglo, pero el autor de Platero y yo, el segundo libro de prosa más vendido en lengua española, después del Quijote, ha dejado un legado inmenso.
Varias editoriales ya tienen programadas ediciones inéditas de obras del autor hasta el año 2011, que incluyen volúmenes de correspondencia, una autobiografía, poemarios inéditos, un libro sobre la Guerra Civil, etc… ¿Y de dónde sale todo este material inédito, después de medio siglo? De los más de 130.000 documentos que el escritor dejó tras sí, de los cuales unos 30.000 están en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, mientras que el resto están en manos de la Universidad de Puerto Rico.
Tendremos pues Juan Ramón Jiménez para rato.
Recuperada una obra de Juan Ramón Jiménez
Se acaba de editar una obra inédita de Juan Ramón Jiménez, uno de los mayores poetas del siglo XX español. Se llama “La frente pensativa” y se ha reconstruido a través de cartas y notas dispersas que el escritor ha ido dejando en Moguer, Madrid y Puerto Rico. Esta obra, que fue redactada en los años 1911 y 1912, sale por fin a la luz, casi 100 años después, editada por Linteo Poesía.