Emotivo artículo sobre Delibes
Publicado en El Mundo, se transcribe a continuación:
“El primer escritor de verdad, al que conocí personalmente y traté durante unos años, fue Miguel Delibes. Leo estos días todo lo que se escribe sobre él y no puedo por menos de retroceder a aquellos tiempos, yo tendría unos diecisiete años, en los que Miguel venía a ver a mi padre a su casa de campo de Milagros, no muy lejana de su pueblo de veraneo, su querido Sedano, o en los que se citaban en la finca cercana a Aranda de Duero, La Ventosilla, para que Miguel diese rienda a su pasión de cazador de perdiz roja, gracias a la hospitalidad de Joaquín Velasco.
Vela, pintor llegado de un largo exilio, encontró en Miguel -que en aquel entonces ya era un autor de culto y dirigía un periódico tan prestigioso como El Norte de Castilla- un amigo, un protector, un interlocutor de primera magnitud. Alguien que en aquellos tiempos duros tuvo el coraje y la generosidad de defender a un republicano. Tenían mucho en común, como su gusto por el arte, los perros y el campo, ¡y tantas diferencias de carácter! El escritor era -¡cuánto me cuesta este verbo en pasado definitivo!- un hombre sereno, ecuánime, muy independiente, pero dulce y con un sentido del humor zumbón, aunque nunca explosivo. El pintor, en cambio, siempre fue apasionado, ‘feroce’ a la italiana, impaciente y un poco sobreactuado; pero se querían y respetaban, y se daban buenos consejos.
Ambos, que pasaban la mayor parte de su tiempo en el campo, se vestían de una manera insólita para aquellos años en los que los hombres en España, o iban de cortijeros, o lucían como chupatintas grisáceos. Esto se notaba y llamaba especialmente la atención en un escritor, y lo recordaba Rafael Sánchez Ferlosio en un artículo el otro día. Todos se arrimaban a Miguel, formidablemente atractivo, y que no tenía pinta de ensimismado literato, sino de aristocrático campesino. No sólo era alto, espigado y guapo, una especie de Gary Cooper castellano; sino que su manera de presentarse, elegantemente sport, y sin afectaciones británicas, le confería un aire distraído, nada burgués, ni encorsetado. Su elegancia estaba en consonancia con los colores de la tierra rojiza, los verdes hondos de los bosques, el azul cegador y luminoso de los plateados cielos de Valladolid. Sus cazadoras de ante color miel pálido empatizaban con el dorado trigo de los campos sin segar.
De Delibes, además, y no es secundario, hemos aprendido a comprometernos con la Naturaleza, su cuidado y disfrute. Con él hemos descubierto a una edad en la que las lecciones son perdurables, a respetar al prójimo, pero a no humillar la cabeza, a no tener pretensiones; pero a tener aspiraciones legítimas en el uso de nuestra lengua. Su estilo literario único, y su humanidad eran tan naturales que se notaban también hasta en una simple gorra visera elegida sin muchas pamplinas, o en un chaquetón para los fríos amaneceres.
Todo en Miguel estaba en consonancia y era necesario, y así resuena su voz, su silencio y su verdad en mi memoria de adolescente. Hasta hoy mismo. Y mañana cuando vuelva a leerle. Adiós, querido, sabio y viejo sabueso”.
Fallece Miguel Delibes
Ayer por la mañana fallecía el escritor Miguel Delibes, a la edad de 89 años, uno de los grandes escritores de la literatura española contemporánea. El escritor será enterrado mañana en la ciudad de Valladolid, ciudad que la vio nacer y fallecer.
Miguel Delibes escribió 20 novelas, entre las cuales obras tan conocidas como Los santos inocentes, Cinco horas con Mario o El hereje, y ganó varios premios literarios, como el Premio Nadal o el Premio Planeta.
Link: http://www.elpais.com/articulo/cultura/fue/alma/literaria/Castilla/elpepicul/20100313elpepicul_1/Tes
Pronto tendremos en Libraria Trasto obras de este genial escritor vallisoletano.
Propuestas españolas para el Nobel de Literatura 2010
La Sociedad General de Autores de España (SGAE), ha hecho llegar a la Academia Sueca una pequeña lista con los escritores en español que considera merecedores del Premio Nobel de Literatura. Al parecer, se trata de una maniobra recurrente, ya que sólo se produce un cambio respecto al año anterior: el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal sustituye a Francisco Ayala, fallecido a finales de 2009 y por lo tanto, descartado para recibir el galardón. Los otros dos nombres presentados por la SGAE se repiten con respecto al año pasado: el argentino Ernesto Sábato, y el español Miguel Delibes.