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Blog Trasto: Sobre héroes y tumbas

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Extracto de “Sobre héroes y tumbas”, de Ernesto Sábato

January 6, 2010 at 9:43 pm

 ”Tal vez a nuestra muerte el alma emigre”, se repetía Martín mientras caminaba. ¿De dónde venía el alma de Alejandra? Parecía sin edad, parecía venir desde el fondo del tiempo. “Su turbia condición de feto, su fama de prostituta o pitonisa, sus remotas soledades.”
    El viejo estaba sentado a la puerta del conventillo, sobre su sillita de paja. Mantenía su bastón de palo nudoso, y la galerita verdosa y raída contrastaba con su camiseta de frisa.
    – Salud, viejo –dijo Tito.
    Entraron, en medio de chicos, gatos, perros y gallinas. De la pieza, Tito sacó otras dos sillitas.
    – Tomá –le dijo a Martín–, llevala, que en seguida voy con el mate.
    El muchacho llevó las sillas, las puso al lado del viejo, se sentó con timidez y esperó.
    – Eh, sí… –murmuró el cochero–, así con la cosa…
    ¿Qué cosa?, se preguntó Martín.
    – Eh, sí… –repitió el viejo, meneando la cabeza, como si asintiera a un interlocutor invisible.
    Y de pronto, dijo:
    – Yo era chiquito como ése que tiene la pelota y mi padre cantaba.

Quando la tromba sonaba alarma
co Garibaldi doviamo partí.

    Se rió, asintió varias veces con la cabeza y repitió “eh, sí…”
    La pelota vino hacia ellos y casi le pega al viejo. Don Francisco amenazó distraídamente con el bastón nudoso, mientras los chicos llegaban corriendo, recogían la pelota y se retiraban haciéndole morisquetas.
    Y luego de un instante, dijo:
    – Andávamo arriba la mondaña con lo chico de Cafaredda e ne sentábamo mirando al mare. Comíamos castaña asada… ¡Quiddo mare azule!
    Tito llegó con el mate y la pava.
    – Ya te está hablando del paese, seguro. ¡Eh, viejo, no lo canse al pibe con todo eso bolazo! –mientras le guiñaba un ojo a Martín, sonriendo con picardía.
    El viejo negó, meneando la cabeza, mirando hacia aquella región remota y perdida.
    Tito se sonreía con benévola ironía mientras cebaba mate. Luego, como si el padre no existiera (seguramente ni oía), le explicó a Martín:
    – Sabé, él se pasa el día pensando al pueblo que nació.
    Se volvió hacia el padre, lo sacudió un poco del brazo como para despertarlo, y le preguntó:
    – ¡Eh, viejo! ¿Le gustaría ver aquello de nuevo? ¿Antes de morir?
    El viejo respondió asintiendo con la cabeza varias veces, siempre mirando a lo lejos.
    – Si tendría de cuelli poqui soldi, ¿se iría en Italia?
    El viejo volvió a asentir.
    – Si podería ir aunque má no sería que por un minuto, viejo, nada má que por un minuto, aunque despué tendría que morirse, ¿le gustaría, viejo?
    El viejo movió la cabeza con desaliento, como diciendo “para qué imaginar tantas cosas maravillosas”.

Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato ya está disponible en Libraria Trasto.

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