Seguimos sin tratar bien a los escritores
Siempre he tenido la sensación de que España es un país que no trata bien a sus escritores. No lo digo por comparación a otros países en los que sí se les trate bien (no sé cuáles serán, aunque estancias relativamente largas en varios países europeos me han dejado la impresión de que hay sitios en los que parece que se les reserva mejor trato a los escritores). Lo digo más bien por analogía con otros colectivos, sean músicos, deportistas, actores, etc… a los que parece que les es más fácil convertirse en iconos o referencias populares que en el caso de los escritores, y a los que se les reconoce su labor de una manera mucho más visible.
Pero lo que ya resulta doloroso es cuando estos tratos inadecuados se producen dentro del mismo ámbito literario. Esto alimenta mi impresión de que un escritor sólo es realmente apreciado y valorado cuando muere. El día antes de morir sus libros descansan placidamente en las estanterías de librerías y bibliotecas, su teléfono no suena, nadie se acuerda de él. Al dia siguiente del fatal evento, las ventas se disparan, se multiplican los homenajes y las referencias a su nombre en los discursos, el Ayuntamiento, la Diputación provincial y la Comunidad Autónoma por fin se ponen de acuerdo, surgen iniciativas de ponerle una estatua o darle su nombre a una calle…
Viene esto a colación de un homenaje que la Universidad de Alcalá ha querido dar a Francisco Ayala, un gran escritor al que tuvieron esperando a la puerta de la universidad, sin nadie de la organización presente, durante 25 minutos. Lo que es bastante grave cuando tienes 103 años de edad. Y cuando empezó el acto, poco más de media hora después el escritor se fue y pasó su discurso a otra persona para que lo leyese en su nombre. Tanto le presentaron, que se cansó de esperar y se marchó.
Link de la noticia: http://www.abc.es/20090630/cultura-literatura/ayala-plantado-anos-homenaje-200906300636.html
Al final va a resultar que se prefiere realizar actos póstumos porque son mucho más cómodos y sencillos de organizar. Claro, los muertos ni tienen prisa ni suelen quejarse…